En 1817, hace ahora 200 años, el médico clínico James Parkinson describió lo que él denominó como parálisis agitante y que hoy se conoce como párkinson, una enfermedad que padecen mas de 6 millones de personas en el mundo y aproximadamente el 15% corresponden a personas entre 30 y 50 años. Esta enfermedad está asociada a la edad, es más frecuente cuanto mayores somos. Aún así, hay algunas alteraciones genéticas que hacen que la enfermedad se manifieste en esta franja.

A pesar de lo que cree la mayoría de la población, la manifestación clínica más común de la Enfermedad de Párkinson es la dificultad para el inicio y realización de movimientos voluntarios. Sin embargo, un paciente puede desarrollar, entre 5 y 10 años antes del comienzo de los síntomas motores, muchos trastornos no relacionados con la motricidad. En un gran número de pacientes la depresión puede ser la primera manifestación del Parkinson, pero también puede manifestarse con problemas de memoria, pérdida de olfato, estreñimiento, alteraciones urinarias, disfunción sexual, trastornos del sueño, etc. Muchas de estos indicadores no se relacionan con la enfermedad neurodegenerativa, de ahí que los diagnósticos se retrasen. “Alucinaciones y cambios en el estado de ánimo también son claves para diagnosticarla”.

Después de 200 años de investigación aún no existe cura para esta patología degenerativa crónica que empeora la calidad de vida de los afectados y limita su autonomía. Tan solo tratamiento enfocados a atenuar los síntomas, que no afectan por igual a todos los pacientes, lo que obliga a personalizar dichos tratamientos.

Por Dr. Dieb Maloof